jueves, 12 de marzo de 2009

El hombre que hacía oscilar las porterías


Llegó al FC Barcelona en 1978 de la mano de Josep Lluis Núñez por la cantidad de 70 millones de pesetas, cifra que hoy parece ridícula, máxime teniendo en cuenta que Hansi Krankl acababa de ganar la Bota de Oro como mayor goleador europeo con el Rapid de Viena. Además, venía para cubrir un hueco imposible de llenar, el reto más difícil en la historia del fútbol: suplir la baja de Johan Cruyff. Pero llegó, se puso las botas, echó a correr y la primera temporada ya estaba ganando el Pichichi en España con 29 goles marcados, llevándose la Bota de Bronce como tercer mayor realizador del continente, y alzando el Balón de Plata europeo justo por detrás de Kevin Keegan, que jugaba en el Liverpool.
En 1979, poco antes de la final de Basilea en la que el Barça ganaría la Recopa de Europa por 4 - 3 al Fortuna de Düsseldorf, Krankl y su esposa sufrieron un grave accidente de tráfico en la Avenida Diagonal. Se temió por la vida de ambos, especialmente la de ella, que ingresó en la UVI, pero aún así el delantero se ofreció para jugar y marcó el cuarto tanto que le dio la victoria definitiva al Barcelona. Era la primera de cuatro Recopas que conquistaría el Barça, además de otros dos subcampeonatos, lo que convierte al equipo azulgrana en el club que más Recopas ha ganado en la Historia desde que esta competición se fundase en 1960 y clausurara en 1999. En ese cuarto gol del ariete barcelonista es memorable ver cómo el balón levanta la cal del suelo al tratarse de un tiro raso al palo izquierdo, con efecto hacia la derecha, batiendo por debajo al guardameta y haciendo inútil su estirada.
Recuerdo que cuando era joven sólo de nombrar el apellido de este jugador parecía que los aficionados adversarios se ponían nerviosos, porque sabían que era sinónimo de goles a consecuencia de sus disparos potentes y colocados. Una vez leí la crónica de un periodista que fue a entrevistarlo y casi se queda sordo por la dureza del sonido del cuero cuando Krankl entrenaba chutando a puerta. Al igual que el búlgaro Hristo Stoichkov tres lustros más tarde, el austriaco golpeaba el balón con impresionantes zapatazos. Era su estilo: tirar entre los tres palos sin más preámbulos. De hecho no corría mucho, no era un atleta de la resistencia ni de la velocidad. Era un ojo avizor que ponía en práctica con la pelota "el aquí te pillo y aquí te mato". Balón que cogía iba dirigido a las redes como un obús. Por eso hacía temblar a los porteros y vibrar a las porterías. Por eso nunca lo olvidaremos los que amamos el Barça por encima de todos los tópicos, prejuicios, mentiras, manipulaciones, calumnias e insidias que sobre el conjunto blaugrana se propalen.


El ídolo en la actualidad mostrando el escudo que ha sido el orgullo de su vida como deportista

Hansi Krankl (Viena, 14 de febrero de 1953)

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