jueves, 29 de noviembre de 2012

Los días se van y en la noche resuenan los muertos

 
  
 
CONSUNCIÓN DE LAS LLAMAS


Como las leves mariposas que en invierno
la pavorosa muerte bajo la nieve hallan,
así desapareciste al partir un día
cuando creía tenerte todavía cercana.


Como un planeta vagabundo, sin estrella
sobre la que orbitar, mi corazón encalla
y se vuelve pétreo, solitario e inmune
a cualquier ínfima ilusión por el mañana.



 Como la fugaz crisálida de la que surge
distinta vida, así es nuestra juventud.
Y como las libélulas está destinada
a una muerte incierta y a ser olvidada.


Como el rey póntico Mitrídates Eupator
que se emponzoñaba cada día en dosis
pequeñas para blindarse contra el veneno,
así son nuestros amores a edad temprana.


Mitrídates Eupator Dionysius
(Asia Menor, 132 - 63 a. C.)
Rey del Ponto
 
Entre los fervores, las risas y las canciones,
mi corazón bebió una copa envenenada.
Y como el ágil colibrí liba del néctar,
así noté que en la pasión mi alma volaba.


Siento que la vejez vaga en una galera
merodeando las pálidas poternas del Bósforo.
El ancho mar es negro, la tempestad arrecia,
los remeros se asustan y rezan en susurros.
Todo es oscuridad en la última costa.


"Vista de Constantinopla y el Bósforo"
Ivan Konstantinovich Aivazovsky
(Crimea, 1817-1900)
 
Como las personas se mueren y las entierran
rápido en la tumba, así acaban los intentos
por ser felices de los hombres. Como la lluvia
que ahora está cayendo limpia el aire
y renueva la hierba, así nuestro pasado
es como un rastrojo podrido en el fondo
de los recuerdos anquilosados que nos queman.


Como el fasto y los oropeles de las fiestas
en que hace años bailamos cesó su música
y sólo nos queda hundirnos en el silencio
del olvido, así déjenme al fin sumergirme
en la cautiva memoria donde fui el hombre
más feliz cuando de la mano íbamos juntos.
  
 

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