jueves, 20 de junio de 2013

Como dunas que vagan errantes de un lado a otro

 
 
 
LOS DESIERTOS EXTRAÑOS
 
Conozco otros desiertos,
distintos, diferentes.
Aquellos que no sabían
el dolor de las palmeras.
Los de las noches quietas
y las lunas gigantes y amarillas,
los que no tienen tiempos en la piel
ni siroco en el alma.
Un oasis en la grieta del corazón
recuerda la felicidad
de las formas del verbo.
Sin embargo, el camino y el viento
son demasiado largos, densos, dilatados.
De algún lugar,
de algún lugar de la memoria
tuvieron que nacer estos desiertos,
los desiertos extraños.
 
 
 
Al sur de los montes de Ajjer,
alrededor de Tamanghasset,
en la provincia de Oudalan
guardo un fetiche que venero
y sueño con Libia.
 
Las caravanas transitan los deseos
y buscan los prósperos días del agua
arañados de azules.
Siete rutas
trazando los ojos del Mediterráneo
abren sus párpados a la oración.
 
Hija del viento y la arena
camino por los pasos ocultos
que se fueron.
Mantengo intacto el pulso del sol
y cuando llegue la noche,
mi respiración se irá a dormir
con las estrellas de plata de mi padre.
 
 
 
Huir de la depredación implacable.
Acostumbrarse a la sequía.
El código mineral
de aquella roca negra
en medio de la nada
y la extrema soledad de una luna que gira,
cada una de sus líneas
en una sola línea,
como una estela nómada.
 
 
 
Partículas de polvo y tierra,
ondas de luz
y extensiones desnudas
que son parte de mí,
endémica y autóctona,
errante por los caminos del agua
y los designios de la arena,
como una hierba leñosa
en los confines del Sáhara.
 
 
 
Inalcanzable.
El viento ha tallado las arenas,
mares de dunas
bajo iridiscentes nubes indescifrables.
El desierto bosteza
en la ciénaga de los relojes.
Un horizonte azul emerge
desde lejos, muy lejos:
es el espejo de los sueños dorados.
 
 
 
Los tuaregs cabalgan por mi sangre
desorbitando el pulso,
recitan alilayas en mis sábanas
y esparcen sus azules turbantes
por la bruma.
Oigo el trotar de los caballos
y las espuelas de plata
entre los sueños.
 
La albahaca crece entre mis manos
para llenar la boca de los muertos.
 
¡Cuántos desiertos recorridos!
¡Cuántos desiertos esperándote!
 
(Poemas tomados de Marrero Berbel, María del Pino: Los desiertos extraños, Tegueste, Ediciones Baile del Sol, 2006, 1ª edición, pp. 62)
 
 
María del Pino Marrero Berbel
(Cartagena, 1950)

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