domingo, 23 de octubre de 2016

Los enviaron a una misión sin pensar en su rescate

 
El rodaje costó nueve millones de dólares de los que
de momento sólo se han recuperado cuatro y medio
 
ANTHROPOID
("OPERACIÓN ANTROPOIDE")
(2016)
 
El 27 de septiembre de 1941 el director de la oficina central de seguridad del Reich, el piloto Reynhard Heydrich, con tan sólo 38 años de edad y cien operaciones militares aéreas a sus espaldas, asumió el cargo de Reichsprotektor de Bohemia y Moravia trasladándose a Praga en sustitución del blando Konstantin von Neurath. Los checos de la resistencia en Londres querían hacer un gesto que demostrara su posición favorable a los aliados y su oposición a la ocupación alemana. El plan consistía en eliminar a este hombre que Hitler definió como un soldado con el corazón de acero.
 
 
Reynhard Heydrich
(Halle del Saale, 1904 - Praga, 1942)
Director de la Gestapo hasta 1939 y arquitecto del holocausto judío
 
La película narra los sucesos con un claro tinte favorable a los checos. Si no, no se explica que saltaran por alto el pago de diez millones de coronas al delator que reveló dónde se escondían los autores del atentado. Se nos muestra que los alemanes ofrecieron la recompensa, pero luego nos muestran que el sujeto en cuestión, Karel Čurda, es torturado para que cuente lo que sabe. Tampoco es fiel a la historia en cuanto no muestra el retraso de media hora que inseperadamente tuvo el Mercedes-Benz 320 descapotable donde iba Heydrich. Se ve a los personajes mirando el reloj, pero no estando a punto de abandonar el plan. Lástima, porque alguien como Alfred Hitchcock hubiera sacado partido de esta demora añadiéndole suspense. El guion también oculta que la población checa estaba prosperando y sintiéndose progresivamente satisfecha con el pleno empleo que la industria de armamento le estaba proporcionando. De lo que se trata, en suma, es de masacrar a los perdedores de la guerra, algo que ya sabíamos desde tiempos de los romanos: “Vae victis!”
 
 
La recreación del atentado es una pequeña joya cinematográfica
 
El mayor logro de este film es el increíble parecido del actor que fugazmente aparece interpretando a Heydrich. Es el portentoso Detlef Bothe. Sólo por esto ya merece la pena verlo. Resulta gratificante comprobar cómo el cine puede hacer revivir la historia. Por lo demás, actores muy hermosos en el rol de los protagonistas —que no eran tan bellos—, y un tratamiento de película de acción en lugar del correspondiente al género bélico. Las imágenes de Praga son impagables: el puente de Carlos, el río Moldava y el castillo que corona la ciudad. Cillian Murphy interpreta a Jozef Gabčík, un héroe de la acción terrorista, con el único inconveniente de que su rostro es más apropiado para encarnar a un ser malvado que a uno benéfico. Jamie Dornan da vida a Jan Kubiš, el moravo que logró arrojar una granada de mano al coche de Heyndrich y a la postre matarlo. Es quien cumple mejor con su trabajo, como si diera clases de dramatización.
 
 
Detlef Bothe
(Brunswick, Alemania, 1965)
Pese a interpretar con 51 años a un hombre joven de 38,
consigue parecer el mismísmo Reinhard Heydrich redivivo
 
Anna Geislerová no consigue conmovernos mucho en su rol de Lenka Fafková a pesar de que la matan. Su rostro refleja una natural antipatía que debió dirigir hacia los nazis y no hacia el público. Toby Jones, con su aspecto de Truman Capote enano por donde quiera que va, consigue proyectar una imagen verídica de lo que debió ser el jefe de una banda checa de partisanos. Charlotte Le Bon, dando vida a la joven Marie Kovárníková, no sólo está creíble, sino que dota de ternura a su personaje. Harry Lloyd construye a un Adolf Opálka,  soldado comprometido con la resistencia, de una manera más que convincente, diríamos que ejemplar.
 
 
Iglesia barroca de los santos Cirilo y Metodio, dos hermanos nacidos en Tesalónica, construida en Praga en 1730 y donde fueron capturados, tras un intenso tiroteo, los autores del arriesgado magnicidio
 
La dirección de Sean Ellis es ortodoxa, clásica, permitiéndose el lujo de jugar con el silencio y la cámara lenta en los trágicos momentos finales, algo en lo que acertó. Corre el riesgo de ralentizar la acción y aburrir a los espectadores, pero unas tijeras en el montaje seguramente le solucionaron la tendencia a dejarnos rendidos en los brazos de Morfeo. La música de Guy Farley y Robin Foster es como la de un buen árbitro en un partido de fútbol: no se nota. Eso sí, las melodías del violín son exquisitas. El peor fallo de este largometraje de dos horas de duración es hacer lo que hacen normalmente todas las películas donde hay disparos: los enemigos aparecen como idiotas que se dejan matar como si fuera un videojuego de marcianos. Lo mejor es la reconstrucción de la época, especialmente el vestuario. De todos modos, creo que es una grata experiencia ver reflejado un capítulo de la historia en el que muere un auténtico carnicero que utilizó la represión de forma abusivamente asesina sobre la gente bajo su jurisdicción.
 
(Reseña escrita por Andrés González Déniz)
 
 
Todavía se conservan los agujeros de las balas en la ventana de la cripta de la iglesia ortodoxa de San Cirilo y San Metodio donde murieron Josef Bublík, Jozef Gabčík, Jan Hrubý, Jan Kubiš, Adolf Opálka, Jaroslav Švarc y Josef Valčík el 18 de junio de 1942 tras una lucha de siete horas que comenzó a las 4:15 de la tarde y en la que los alemanes perdieron a catorce de sus hombres mientras 21 quedaban heridos de una fuerza de choque compuesta por ochocientos soldados regulares

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