martes, 10 de enero de 2017

Quizás ocurra que nuestro sistema no da más de sí

 
 
EL VERDADERO TEMOR
 
El temor, el verdadero temor, es que no se trate de mal gobierno, de una despiadada estrategia de defensa del establishment o de un mediocre diseño institucional. El temor es que lo que no funciona, lo que ha llegado al límite de una capacidad de gestión mínimamente eficiente y eficaz sea la totalidad del sistema político y que no exista recambio.
 
 
 
Cada vez crece más la evidencia de los límites de la capacidad de las democracias representativas en el capitalismo globalizado para afrontar los problemas económicos y sociales (el desempleo, la desigualdad, la catástrofe ecológica, el mantenimiento de los servicios públicos) y superarlos y no, simplemente, mantenerlos bajo control. ¿La enésima hora de la izquierda? Portugal ofrece un modelo tradicional de alianza entre socialdemócratas y comunistas y Grecia la supuesta novedad de una coalición electoral entre varios grupos y corrientes de izquierda. Ambas experiencias han mantenido sus compromisos financieros con la UE y las draconianas medidas impuestas por la troika.
 
 
 
Han aumentado en los márgenes presupuestarios los fondos dedicados a políticas sociales, pero no para reconstruir o ampliar el Estado de Bienestar, sino para articular un nuevo y amargo asistencialismo que escarmiente el hambre o proteja del frío o garantice el suministro de vacunas o de los medicamentos de mayor consumo. Y eso es todo.
 
 
Viñeta de Andrés Rábago García
("El Roto")
(Madrid, 1947)
 
La situación no sería muy distinta en España con Pablo Iglesias como presidente del Gobierno. Se derrumbaría toda esa ridícula, vacía y al cabo muy cursi retórica de la sonrisa y las paparruchas profesorales de fabricar nuevas verdades o construir un nuevo país. Pero tal vez fuera reelegido con coleta y todo porque este crecimiento empobrecedor, esta interminable agonía de una democracia prostituida y falaz, con una sonrisa y cuatro duros caritativos, podría ser un poco más soportable.
 
 
 
Es como si Canarias la presidiera Mery Pita. No creo que la situación fuera sustancialmente distinta, salvo por la instalación de una guillotina en cada gran plaza del archipiélago, artefacto que no sería destinado a la ciudadanía en general, sino a los militantes y cargos públicos de Podemos. ¿Alguien cree que en cuatro años podría reducir una tasa de desempleo del 28% de la población activa a la mitad? Sí, simplemente a la mitad.
 
 
 
¿Quién puede conseguir un 14 % de paro —tres puntos porcentuales más que los que sufre Francia, por ejemplo— y con qué metodología? Nadie. Absolutamente nadie, de la misma manera que en toda nuestra florida producción académica no hay una sola monografía —una sola— que investigue las razones del disparatado y letal desempleo estructural en Canarias. Un desempleo que lastra el crecimiento a medio plazo, que congela el consumo, que perpetúa las diferencias de renta, que atenta cada día contra la cohesión social del país, que empobrece con vileza nuestras opciones de futuro.
 
 
 
Eso es lo terrible y lo que intuyen cada vez más intensamente los ciudadanos. Que esto ya no es una crisis, sino un nuevo escenario perdurable, en el que se representa una obra en la que siempre salen perdiendo los de siempre, es decir, la mayoría, porque el ascensor social está averiado definitivamente.
 
(Artículo de opinión escrito por Alfonso González Jerez y publicado
por el periódico "La Provincia" el martes 10 de enero de 2017)
 
 
Alfonso González Jerez
(Caracas, Venezuela, ¿1965?)
Periodista con un sólido bagaje lector

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